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jul 2026

COMPETIR CON LA REGLA , DEL TABÚ A LA CIENCIA

Empecé a hacer atletismo en el año 68 y, a día de hoy, todavía sigo compitiendo. En estas casi seis décadas, el deporte ha cambiado muchísimo.
En este artículo os hablo de la menstruación.

Cuando empecé a practicar atletismo aún no tenía la regla, y lo poco que sabía sobre el proceso fisiológico más determinante en la vida de una mujer era casi nulo. Parece increíble, pero así era.

En los años 60, la menstruación era un tabú y estaba repleta de supersticiones absurdas.

Era un tema que simplemente no se abordaba. Los entrenadores no se interesaban por nuestro ciclo menstrual o, mejor dicho, lo evitaban. Aun así, esa indiferencia, lejos de molestarnos, nos resultaba un alivio: en aquellos tiempos, a las mujeres tampoco nos resultaba cómodo hablar de nuestro periodo con hombres.

La educación retrógrada que habíamos recibido nos hacía sentir vergüenza al menstruar. Aunque estuviéramos retorcidas por el dolor de tripa, intentábamos disimularlo. Como mucho, te atrevías a comentarlo en voz baja con tus mejores amigas, siempre hablando en clave, porque pronunciar la palabra “regla” no estaba bien visto. En Manresa la llamábamos “la tía”, pero había tantos apodos como lugares. La cuestión era no decir la palabra maldita.

La menstruación estaba rodeada de supersticiones absurdas. Y era fácil creerlas, porque no teníamos más información que la que nos transmitían nuestras madres. Los padres, por supuesto, ni mu. Era un tema estrictamente de mujeres.

Se decía que no podías bañarte ni ducharte porque la regla se cortaría para siempre; que era peligroso hacer deporte; que si hacías mayonesa se cortaba, que las flores se marchitaban al tocarlas y que, si un chico bebía una gota de tu sangre, quedaba enamorado de ti para siempre. Disparate tras disparate.

Mis primeras competiciones menstruando las hice usando “paños” de celulosa, que era como llevar un pañal de bebé. Si usabas pantalones, tenías la sensación de que todo el mundo sabía que estabas con la regla, y eso resultaba muy desagradable.

Pronto llegaron las compresas, más sutiles que los paños. Y un poco más tarde, los “Tampax”, que para las deportistas, especialmente las nadadoras, fueron una auténtica revolución: más higiénicos, mucho más cómodos para competir y prácticamente imperceptibles. Pero también vinieron cargados de prejuicios: se decía que provocaban coágulos o que al usarlos se perdía la virginidad.

Para mí, lo más complicado fue que no tenía ni idea de cómo ponérmelos. Cuando me vino la regla por primera vez tenía 12 años y estaba convencida de que en mis genitales solo había un agujero: el de hacer pipí. Una compañera velocista, un poco más espabilada que yo, me enseñó cómo se colocaban y, sobre todo, por dónde. Ahí descubrí que, en lugar de uno, tenía dos. ¡Gracias a Dios! De lo contrario, sí que habría tenido un problema serio… además de seguir alimentando las habladurías sobre lo diabólico de aquel invento.

El día de mi primera regla tenía una competición. Mi hermana mayor, que ya había pasado por todos los tabúes, me dijo: “A ducharte. Y si te dicen que no puedes, ni caso”.

Cuando salí hacia la pista, fue mi madre quien me dio el mejor consejo: “No te preocupes por la regla, te hará correr más. Hoy batirás tu récord”. Y lo batí. Desde entonces, casi siempre que competía con el periodo lograba mis mejores marcas.

Tuve la suerte de recibir mensajes positivos, pero no todas mis compañeras lo vivieron igual. Algunas no  entrenaban durante esos días porque sus familias estaban convencidas de que menstruando era conveniente.

Hoy en día, la mujer se ha liberado y la sociedad respeta las particularidades de la fisiología femenina

Con los años, la mujer se ha ido liberando y la menstruación ha dejado de ser un tabú, al menos en nuestra sociedad. Ahora, las deportistas hablan abiertamente de sus periodos, incluso ante los medios de comunicación. Yo también me explayo, sin tapujos, sobre los periodos que ya no tengo… es decir, la menopausia, otro estigma que también hemos tenido que superar.

La comunicación entre deportistas y entrenadores ha mejorado notablemente. Hoy es habitual que los entrenadores pregunten por el estado físico y emocional de sus atletas e incluso lleven un registro de sus ciclos.

¡Cómo me hubiera gustado llegar un día al entrenamiento y poder decir: “Oye, míster, me tiene que bajar la regla y apenas he dormido” o “Estoy sangrando y me duele muchísimo la tripa”… y que él me respondiera: “No te preocupes, cambiamos el entreno”!

Actualmente se investiga como afecta el ciclo en el rendimiento y en muchos casos los entrenamientos se ajustan al «timing» hormonal de las deportistas

Han pasado años, pero por fin eso que durante tanto tiempo fue considerado “una cosa de chicas” se ha empezado a estudiar con rigor. En la última década se han publicado múltiples estudios científicos sobre la influencia del ciclo menstrual en el rendimiento deportivo. Hoy sabemos que el ciclo es un factor clave para la salud y el bienestar de la mujer deportista.

Las investigaciones avanzan y aún queda mucho por descubrir, pero cada vez hay más entrenadores, preparadores físicos y deportistas que tienen en cuenta el timing hormonal para planificar las cargas de trabajo, especialmente durante los días de sangrado.

Incluso el tipo de entrenamiento se adapta según la fase del ciclo. En función de las hormonas predominantes en cada momento se trabaja más la fuerza, la resistencia, la velocidad máxima, la técnica, la elasticidad o se prioriza el descanso. Los estudios siguen aportando nuevos datos y los resultados no son siempre concluyentes. Sin embargo, parece bastante claro que los días más críticos son los previos a la menstruación (síndrome premenstrual) y durante el sangrado. En estas fechas, lo más recomendable es reducir las cargas y favorecer la recuperación, aunque siempre dependerá del estado de la deportista y de su especialidad.

Si hace 58 años alguien me hubiera dicho que mi regla sería tenida en cuenta para entrenar, habría pensado que estaba loco.

A mí esta revolución me llegó tarde. Ni siquiera en mi etapa como atleta máster, cuando empecé a competir con 40 años, pude aprovecharlo. Todavía era fértil, claro, pero cuando descubrí lo que decían los estudios sobre el ciclo menstrual y el rendimiento, ya se me había retirado la regla. Ojalá se incremente también el interés por investigar a las mujeres deportistas durante la menopausia que en el siglo XXI ya somos una multitud.

Hoy la sociedad ha dado un paso de gigante al reconocer y respetar las particularidades de la fisiología femenina. Esto no solo mejora el rendimiento, sino que reduce el riesgo de lesiones y enfermedades y contribuye al bienestar integral de las deportistas.

Afortunadamente, hoy la mayoría de los hombres aceptan con naturalidad la menstruación. Pero aún queda camino por recorrer: en muchos países, culturas y creencias, los días de sangrado siguen siendo un estigma y una forma de discriminación hacia la mujer.

A mis casi 69 años, me emociona saber que las generaciones actuales pueden entrenar, competir y hablar de su menstruación con libertad y apoyo. Ahora ya no tienen que esconder su dolor, ni sentirse débiles, ni avergonzadas.

Ver cómo la ciencia, el deporte y la sociedad empiezan a mirar de frente la fisiología femenina es un exitazo, y esperemos que los estudios sigan avanzando y dejen de centrarse exclusivamente en el sexo masculino.

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  • Nutrición sana, ejercicio y dieta equilibrada. No hay más secreto que acompañarlo con la constancia y disciplina en el entrenamiento. Somos aquello que hacemos. Por eso, nuestro cuerpo responde a los estímulos que recibe. No concibo una vida plena sin el deporte, mi compañero de viaje vital que corre conmigo desde 1969. Disfruto explicando y divulgando aquello que aprendo cada día y me ayuda a ser mejor. ¿Te vienes?