He leído y acepto los términos y condiciones

abr 2021

TRASTORNOS DE COMPORTAMIENTO ALIMENTARIO EN LA ÉLITE DEPORTIVA

Entrevista al Dr. Carles Ventura y a Clara Teixidor

LOLES VIVES

Se dice que la práctica deportiva es la mejor medicina, algo que nadie pone en duda.  Sus beneficios para la salud tanto física como mental son incuestionables y por eso la prescripción de hacer ejercicio empieza a ser una pauta habitual por parte del colectivo médico. Es de sobra conocido que la práctica de ejercicio de forma regular, controlada por un profesional y adaptada a las necesidades de cada paciente, no solo mejora todas las aptitudes físicas sino que previene, combate e incluso puede ayudar a curar enfermedades como la obesidad, la diabetes, la hipercolesterolemia y patologías de tipo mental. Se sabe también que hacer deporte en edades tempranas es una práctica que facilita la adopción de hábitos saludables en la edad adulta.

El Dr. Carles Ventura y Clara Teixidor, investigadores del GISEAFE (Grup d’Investigació Social i Educativa de l’Activitat Física i l’Esport) del INEFC de Barcelona.

El Dr. Carles Ventura y Clara Teixidor, investigadores del GISEAFE (Grup d’Investigació Social i Educativa de l’Activitat Física i l’Esport) del INEFC de Barcelona.

Todo son ventajas, pero como ocurre con cualquier otra medicina para sacarle buen provecho debe administrarse y gestionarse de forma correcta. Si la práctica deportiva es inadecuada y se desvía de los objetivos de mantener la salud, el divertimento o la competición sana, se convierte en perjudicial tanto desde el punto vista físico como mental.

En mis más de cincuenta años frecuentando las pistas de atletismo e inmersa en el mundo del deporte de competición, he percibido en muchos atletas una búsqueda obsesiva y rápida por obtener grandes resultados, una conducta que les ha conducido por caminos erróneos, poniendo en jaque su salud y equilibrio psicológico. En otros casos, el desarrollo de comportamientos incorrectos y de riesgo para su salud fue causado por las presiones recibidas por su entorno deportivo.

Voy a exponer tres ejemplos, aunque lo dramático es que podría poner cientos de ellos porque los trastornos de comportamiento vinculados al deporte son un problema en aumento en parte debido a la irrupción de las redes sociales (RRSS).

Konstanze Klosterhafen, corredora alemana.

Konstanze Klosterhafen, corredora alemana.

Anna, gimnasta de rítmica desde los cinco años de edad, no menstruó hasta los quince, a los dieciséis se le retiró la regla y una década después, ya con 27 años cumplidos, aún no había conseguido regularizar su ciclo menstrual. Según me contó ella misma, sus entrenadores le decían que para “ser buena” tenía que estar delgada y ella, para conseguirlo, “apenas comía”.

Por su parte, a Laura,  especialista en medio fondo, se le retiró la regla a los 32 años, lo que le ocasionó problemas de fertilidad cuando se planteó ser madre. Tere, también corredora, sufrió una fractura por estrés en la tibia antes de cumplir los veinte a consecuencia de una baja densidad ósea.

En los tres casos mencionados sus problemas se vincularon a un exceso de entrenamiento, ligado a una baja ingesta energética y una mala relación con la comida. Las tres eran deportistas obsesionadas por mantenerse delgadas con el propósito de mejorar el rendimiento.

La obsesión por estar en forma, la adicción al ejercicio, un ansia competitiva desmesurada, el afán de notoriedad, las presiones resultadistas del entorno, el deseo por no tener ni un gramo de grasa e incluso la profesionalización o necesidad de obtener compensaciones económicas, pueden ser factores de riesgo para desarrollar hábitos poco saludables o incluso patológicos.

Entre las patologías más comunes debidas a una práctica deportiva inadecuada encontramos, entre otros, los Trastornos de Conducta Alimentaria (TAC), como alteraciones graves en la alimentación. Los TAC más frecuentes son la anorexia nerviosa (AN) y la bulimia nerviosa (BN).

La anorexia nerviosa se caracteriza por un absoluto rechazo a mantener el peso corporal en los valores mínimos normales aceptables para el mantenimiento de la salud. Por su parte, la bulimia nerviosa, además de compartir con la AN la preocupación por el peso y el aspecto físico, se distingue porque la persona que la padece presenta episodios recurrentes de voracidad, atracones de comida, seguidos de conductas compensatorias inapropiadas, como pueden ser provocarse vómitos, el abuso de fármacos laxantes y diuréticos que les ayuden a perder peso, el ayuno o el ejercicio excesivo. Ambos trastornos comparten la alteración de la percepción de la forma y el peso corporal por parte de los pacientes, quienes además conviven con trastornos de ansiedad, y son candidatos a sufrir una depresión y ponen en riesgo su salud futura. (1)

Para conocer a fondo toda la problemática de los Trastornos de Conducta Alimentaria en el deporte de alto rendimiento, he entrevistado al Dr. Carles Ventura* y a Clara Teixidor**, investigadores del proyecto “Análisis y prevención de los trastornos de conducta alimentaria (TCA) en deportistas de élite” que desarrolla dentro del GISEAFE (Grup d’Investigació Social i Educativa de l’Activitat Física i l’Esport) del INEFC de Barcelona.

Clara Teixidor y el Dr. Carles Ventura

Clara Teixidor y el Dr. Carles Ventura.

¿El ejercicio en sí mismo es un factor de riesgo para desarrollar un Trastorno de Comportamiento Alimentario (TCA)?

– Si bien existe una creencia generalizada de que la práctica deportiva favorece el bienestar físico y psicológico, social, etc. (Kong & Harris, 2014; Lunde y Gattario, 2017), la simple participación deportiva no es en sí misma ni positiva ni negativa. Lo que promueve el bienestar o el malestar del deportista depende de cómo vive su experiencia deportiva. Y ahí juegan un papel muy importante los entrenadores, compañeros, familia, etc.

Según Petrie y Greenleaf (2011), la modalidad deportiva, la percepción de ventaja en el rendimiento, el uniforme deportivo y el nivel competitivo son también otros elementos de presión relacionados con el peso y la imagen corporal.

El hecho de que la cultura deportiva atribuya tanta importancia a la variable del peso corporal para controlar y optimizar el rendimiento deportivo puede facilitar la preocupación sobre la imagen corporal, a una insatisfacción del mismo y al posible desarrollo de TCA.

“Lo que promueve el bienestar o el malestar del deportista depende de cómo vive su experiencia deportiva”

¿Es cierto que los TCA se dan cinco veces más en los deportistas que entre la población en general?

– Aunque en buena parte de los estudios se muestra una mayor prevalencia de riesgo en deportistas versus grupos controles (no es lo mismo que presentar definitivamente TCA), no es posible determinar con exactitud qué porcentaje de diferencia existe entre ambos colectivos debido a causas metodológicas (tamaño de la muestra, instrumento de medida, modalidad deportiva, nivel de competición, sexo, etc.).

¿El riesgo aumenta proporcionalmente con la exigencia competitiva del deportista? ¿O por el contrario es más frecuente en deportistas amateurs por no disponer de tantos apoyos, conocimientos ni controles médicos?

– Es una muy buena pregunta. Aunque son necesarios más datos, la literatura actual apunta que los deportistas que compiten a altos niveles competitivos muestran mayores niveles de insatisfacción corporal, alteraciones de la alimentación y mayor vulnerabilidad para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria en comparación con aquellos que compiten a niveles inferiores, niveles recreativos o que no compiten (Holm-Denoma, Scaringi, Gordon, Van Orden, & Joiner, 2009; Kong & Harris, 2014; Thompson & Sherman, 2014).

Los deportistas de élite se enfrentan a mayores exigencias de entrenamiento, tienden a ser más perfeccionistas y, en general, están sometidos a mayores presiones para cumplir con el ideal corporal y con un peso concreto vinculado a la modalidad deportiva (Picard, 1999).

En este punto, es muy relevante indicar el momento de transición que existe entre el nivel de formación al alto rendimiento, en el que además de la problemática asociada a la edad (en general la transición se produce durante la etapa adolescente con cambios físicos y psicológicos importantes), se suma el hecho de la presión, sea propia o impuesta por “rendir más para dar el salto”. Por dicha razón creemos que es de suma importancia que en las etapas formativas (tecnificación) se realice un buen seguimiento del proceso por parte de profesionales (nutricionistas, psicólogos, preparadores físicos, etc.) y se realice formación, dirigida a entrenadores y atletas, sobre la temática.

“Los deportistas que compiten a altos niveles competitivos muestran mayores niveles de insatisfacción corporal, alteraciones de la alimentación y mayor vulnerabilidad para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria”

¿Las mujeres deportistas son más proclives a sufrir alteraciones relacionadas con la comida?

– Los últimos estudios realizados sobre la prevalencia de trastornos de comportamiento alimentario (TCA) entre hombres y mujeres deportistas han puesto de relevancia que sí. En un estudio, pendiente de publicación, realizado recientemente por nosotros con 646 deportistas de alto nivel (51% mujeres), se ha obtenido que un 7.6% de las mujeres deportistas puntuaban por encima del punto corte en el EAT-26 (instrumento que valora el riesgo de desarrollar TCA, que actúa como cribado) por un 2.5% de los hombres deportistas.

gimasia-ritmica-A

¿Por qué los hombres son menos vulnerables? ¿Se debe a factores hormonales? ¿El ciclo menstrual puede tener alguna influencia?

– Creemos que el “hecho cultural” es el elemento clave. La presión social para adaptarse al ideal estético es mayor entre las mujeres que en los hombres. Los aspectos hormonales son “colaterales”. Con la aparición de la primera regla también se producen cambios hormonales que pueden afectar al cuerpo. El hecho de desajustarse del “ideal corporal” puede originar una menor satisfacción corporal, que puede conllevar a un TCA.

¿Cómo influye la obsesión por tener un cuerpo “10” o por lograr un determinado canon de belleza?

– La preocupación por el aspecto físico, la belleza y la imagen corporal se ha convertido en los últimos tiempos en una fuente de consumo. La sociedad glorifica la belleza, la juventud y el cuerpo “10” se identifica con el éxito profesional y personal.

Actualmente se llevan a cabo interesantes estudios que tienen como objetivo analizar el impacto del rol de las redes sociales, como por ejemplo, Instagram, sobre la insatisfacción corporal. Altos niveles de preocupación e insatisfacción corporal han sido relacionados con alteraciones de los comportamientos vinculados con la alimentación (Neumark-Sztainer, Paxton, Hannan, Haines, i Story, 2006; Stice, 2002).

“Los últimos estudios realizados sobre la prevalencia de trastornos de comportamiento alimentario (TCA) entre hombres y mujeres deportistas han puesto de relevancia que las mujeres son más proclives a padecerlos”

¿La irrupción de las RRSS, en las que vemos una continúa exhibición de cuerpos perfectos a menudo trucados ha contribuido a aumentar este problema?

– Los medios de comunicación son unos potentes transmisores de los valores y estándares sociales por lo que respeta a la belleza, el peso corporal, la moda y la comida. Son muchos los estudios que han indicado el impacto negativo que ejercen las RRSS en la preocupación de la imagen corporal. De hecho, los medios de comunicación, y especialmente el mundo publicitario y las redes sociales, imponen el ideal de belleza actual y lo difunden como sinónimo de éxito, control y aceptación social.

Las imágenes en las RR.SS. es una fuente de presión para el usuario en la búsqueda de un ideal de belleza.

Las imágenes en las RR.SS. son una fuente de presión para el usuario en la búsqueda de un ideal de belleza.

Con el aumento de la popularidad del uso de las nuevas tecnologías y las RRSS han aparecido nuevas problemáticas relacionadas con la imagen corporal y alteraciones en la alimentación. La elevada cifra de imágenes colgadas en las redes sociales presentando la mejor versión de uno mismo, o colgando las fotografías en la que se aparece más atractivo, es una fuente de presión para el usuario. El simple hecho de recibir comentarios positivos relacionados con la apariencia física genera un elevado impacto sobre cómo la persona percibe su cuerpo. Esto no es todo: la visualización de las imágenes de otros, ya sean conocidos o desconocidos, puede provocar la comparación del propio cuerpo con el que aparece en la pantalla. Estas comparaciones tienen un efecto negativo en la persona, desarrollando preocupaciones por la imagen corporal y una imagen corporal adversa.

Por ejemplo, Fardouly y Vartanian (2016), tras una revisión de las investigaciones sobre la relación entre uso de las RRSS y la imagen corporal, determinaron que el uso de las RRSS se asociaba a preocupaciones por la imagen corporal, especialmente si los usuarios realizaban ciertos tipos de actividades, como hacer comparaciones de su apariencia física con la de otras personas. Estos efectos fueron similares a los que se han encontrado con anterioridad en los medios tradicionales (por ejemplo, revistas, películas, anuncios de televisión).

“Con el aumento de la popularidad del uso de las nuevas tecnologías y las RRSS han aparecido nuevas problemáticas relacionadas con la imagen corporal y alteraciones en la alimentación”

¿Cuáles son los principales factores desencadenantes de un TCA?

– Los deportistas no solo están sujetos a factores de riesgo de carácter social en general, sino también a factores específicos de su entorno deportivo. Los deportistas sufren una doble presión: la social y la deportiva.

Petrie y Greenleaf (2012), en su modelo psicosocial para explicar el desarrollo del TCA entre deportistas, sugieren que en primer lugar los deportistas están expuestos a mensajes sociales generales por parte de los medios de comunicación, familia y/o amistades, los cuales ponen en relevancia los ideales culturales relacionados con el tamaño y forma del cuerpo, la apariencia física, el peso corporal, la alimentación e incluso la necesidad de responder al prototipo ideal masculino y femenino.

En segundo lugar, por el mero hecho de ser deportistas también experimentan presiones específicas de su entorno deportivo, en relación al tamaño, forma y funcionalidad del cuerpo, por parte de los entrenadores, compañeros de equipo, jueces, fans y otros profesionales vinculados. Ello hace que los deportistas reciban mensajes tales como que su cuerpo no sólo debe cumplir con el ideal y estándar corporal impuesto a la población general, sino que además debe satisfacer los ideales referentes al mundo deportivo y, al mismo tiempo, ser altamente funcionales para obtener el mayor rendimiento posible.

Como vemos, los atletas no solamente reciben el mensaje de que sus cuerpos deben responder al ideal social, sino también de que deben ser altamente funcionales para poder rendir deportivamente. Esta presión para alcanzar un cuerpo ideal junto con las demandas de rendimiento deportivo –la búsqueda de un peso corporal bajo y una composición corporal concreta– puede ser el desencadenante para que el deportista inicie restricciones alimentarias.

El modelo reconoce que las presiones por el peso y la imagen corporal del entorno deportivo están directamente relacionadas con una disminución de la satisfacción corporal y un incremento del uso de técnicas patológicas para controlar el peso.

¿En edades tempranas existe mayor peligro de caer en un TCA?

– La bibliografía específica sobre el origen de los TCA apunta el momento de un cambio o la existencia de una crisis como el principal factor desencadenante de los trastornos. El inicio de los cambios físicos durante la pubertad y adolescencia es clave, ya que suele ir unido a una carencia de autoestima, ausencia de identidad y dificultad de afrontar y asumir dichos cambios.

Los periodos de vacaciones o tras reaparecer de una lesión son otros momentos críticos, ya que al haber hecho menos ejercicio el deportista puede haber ganado peso y aparecer entonces la preocupación y la necesidad de adelgazar para reincorporarse con garantías a los entrenamientos.

“Los deportistas no solo están sujetos a factores de riesgo de carácter social en general, sino también a factores específicos de su entorno deportivo. Los deportistas sufren una doble presión: la social y la deportiva”

¿Qué papel ejercen los entrenadores en esta problemática?

– Entrenadores y compañeros de equipo se han identificado como agentes de presión dentro del entorno deportivo (Galli y col., 2013; Reel y col., 2013). Se trata de presiones para lograr un cierto peso o forma corporal con el fin de conseguir mayor rendimiento deportivo. Los entrenadores son agentes poderosos en la vida de los atletas y desempeñan un papel importante en la internalización del cuerpo ideal y en el comportamiento inadecuado que puede precipitar alteraciones en la alimentación (p. ej., pesaje público, comentarios negativos sobre peso y cuerpo, entrenadores con altas expectativas).

Al mismo tiempo, sus comentarios y críticas pueden ser una fuente importante de presión, ya que suelen referirse al peso corporal y a la forma y no a los hábitos de dieta o ejercicio. Además se da la circunstancia que los entrenadores a menudo son percibidos como expertos en cualquier cosa relacionada con su deporte, incluida la pérdida de peso y la nutrición.

Por otro lado, los compañeros de equipo también pueden influir. La posibilidad de interacción con otros atletas puede producir preocupaciones corporales a través de las presiones sociales respecto al peso corporal y el tamaño, como por ejemplo el hecho de que los compañeros de equipo se den cuenta de que «alguien ha aumentado de peso». También los comentarios negativos o críticos o las fat talk* entre compañeros.

*Fat talk: Conversaciones negativas relacionadas con el cuerpo que a menudo tienen lugar entre amigos: “Estoy gorda”, “Tengo que adelgazar”, “¿Verdad que estos pantalones me engordan?”…

El propio deporte en sí es un entorno para la comparación de cuerpos competitivos ya que los atletas frecuentemente hacen comparaciones corporales, sea con sus propios compañeros, con los de otro equipo o con otros rivales exitosos, lo cual puede incitar a emplear comportamientos poco saludables para mejorar su cuerpo para el rendimiento.

Por último, la familia también ejerce un papel importante a través de los valores sociales. La contribución de la familia dando importancia al modelo estético de belleza, poniendo énfasis en el atractivo físico y admirando la delgadez –pasando por alto otros valores más relevantes– pueden influir en la aparición de los TCA. Asimismo, el seguimiento en casa de algún tipo de dieta, con preocupaciones específicas dentro de la propia familia, puede incitar a seguir la dieta y ser el inicio de un trastorno de la alimentación. En el caso de las chicas, la madre es la que tiene mayor influencia sobre el peso y la forma corporal de sus hijas.

Por todo ello, es muy importante que entrenadores, compañeros de equipo y familia actúen conjuntamente para no ser un problema y actuar como elementos protectores del desarrollo de TCA en deportistas. Por esa razón, es relevante su formación.

Pesaje en una competición de judo.

Pesaje en una competición de judo.

¿Quiénes son los más vulnerables a sufrir un TCA? ¿Existe un perfil de deportista más vulnerable?

–  El tipo de deporte, el nivel de competencia, la naturaleza inherente de los criterios de evaluación del deporte, los requisitos de peso y el propio peso, e incluso los uniformes sugerentes, son factores de riesgo específicos del deporte que condicionan y determinan el perfil de deportista más vulnerable.

Atendiendo a la tipología deportiva, se ha identificado que ciertos deportes representan un factor de riesgo (más alto) para el desarrollo de TCA. Sundgot-Borgen y Torstveit (2004) han utilizado una clasificación concisa que incluye una amplia variedad de deportes: de resistencia (especialidades de fondo y ultrafondo, natación, triatlón, remo); de categorías por peso (judo, lucha grecorromana, boxeo), estéticos (gimnasia artística y rítmica, natación sincronizada); de técnica, de potencia y deportes de pelota.

En cuanto a la tipología de deportista, los perfiles con mayor vulnerabilidad –al igual que en la población general– son los que presentan un alto nivel de autoexigencia, alto perfeccionismo, control y baja autoestima.

“Los perfiles con mayor vulnerabilidad al igual que en la población general son los que presentan un alto nivel de autoexigencia, alto perfeccionismo, control y baja autoestima”

¿Cuáles son los principales problemas de salud que acarrea un TCA?

– Según Montjoy y otros (2018) los principales problemas de salud pueden ser una baja disponibilidad de energía, problemas hormonales que afectan directamente al sistema endocrino, aparición de amenorrea entre las mujeres, disminución de la densidad ósea, disminución de la capacidad metabólica, problemas cardiovasculares y gastrointestinales, dificultades y retraso para el desarrollo físico, graves problemas psicológicos y de bienestar, alteraciones en el sistema inmunológico, etc.

Lo que implica un mayor aumento de lesiones, enfermedades y una disminución del rendimiento…

– Así es. Como he dicho, un TCA viene acompañado de un déficit de energía y con el tiempo eso puede convertirse en fatiga crónica y también provocar una disminución de la densidad ósea por la falta de ingesta de alimentos. Todo ello, puede perjudicar el rendimiento deportivo e incrementar el riesgo de sufrir lesiones. Rauh, Nichols y Barrack (2010) lo confirman en un estudio donde analizan la relación entre lesión y TCA.  Concretamente el 37.4% de los atletas con síntomas de TCA sufrieron algún tipo de lesión musculoesquelética.

Asimismo, y también a causa del déficit de energía, el sistema inmunológico puede verse alterado y en consecuencia aumentar la probabilidad de enfermar o sufrir molestias físicas tales como dolor corporal (musculares, esqueléticos, articulaciones), dolor de cabeza de forma reiterada y también problemas de respiración (Drew, Vlahovich, Hughes y col., 2017).

“El 37.4% de los atletas con síntomas de TCA sufrieron algún tipo de lesión musculoesquelética”

¿Cuáles son los principales síntomas de un TCA?

– En general hay una serie de “señales de alerta”, aunque de forma aislada no podemos confirmar que se desarrolle un TCA. Siempre es necesario tener en cuenta los criterios diagnósticos llevados a cabo por profesionales. Como “señales de alerta” tenemos: comer rápido y encerrase `a posteriori´ en el baño; no querer comer conjuntamente con compañeros o familiares; mostrar un interés exagerado por aspectos nutricionales (por ejemplo, conocer las calorías de un alimento); sufrir una pérdida de peso injustificado; consumir laxantes o diuréticos; realizar ejercicio físico por encima de lo normal y con el deseo de adelgazar; comportamiento mentiroso, etc.

trastornos-alimentarios

¿Existen formas detección temprana?

– Todas las personas que se encuentran dentro del ámbito del deportista, desde la familia hasta los entrenadores o los propios compañeros, deben colaborar y formar parte de la red para la evaluación del deportista. También será fundamental una buena coordinación entre los servicios médicos y los psicólogos del deporte para realizar la detección de la sintomatología. El conocimiento y la formación de estos profesionales  –especialmente los que trabajan en deportes de mayor riesgo– es vital en la detección de TCA entre los deportistas.

¿Y qué medidas preventivas se pueden aplicar?

– El comportamiento y las condiciones sociales juegan un papel muy importante en los trastornos de la conducta alimentaria, por lo que la prevención debería realizarse en esta dirección. Para tener éxito en la prevención, se recomienda diseñar programas de prevención selectivos frente a los universales, dirigidos a deportistas adolescentes o preadolescentes. Estos deben centrarse en la mejora de la autoestima, en la crítica a la estética corporal y a los medios de comunicación, y en ofrecer una buena información nutricional. Los programas también deberían incluir formación para entrenadores y familiares, así como para los propios clubs o federaciones. El abordaje preventivo debe realizarse de forma ecológica, es decir, involucrando a todos los agentes implicados, incluidos los medios de comunicación.

¿Una vez diagnosticado un TCA, cómo se debe actuar?

– Es necesario iniciar la terapia y tratamiento específico con especialistas en salud física y mental y desde un abordaje multidisciplinar con participación de médicos, psicólogos, nutricionistas, entrenadores y familiares del deportista.

¿La llamada vigorexia, que también suele ir unida al seguimiento de dietas muy estrictas, puede considerarse un Trastorno de Comportamiento Alimentario?

– Los síntomas y consecuencias de la anorexia y la bulimia, trastornos mentales incluidos en el “Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales – 5ª edición” (DSM-V), están descritos según criterios estándar. La vigorexia, como tal, no está incluida en el DSM-V. Actualmente no hay consenso entre los expertos en determinar si la vigorexia es o no un trastorno dismórfico corporal (que sí que incluye en el DSM-V), si es un trastorno independiente, etc.

Será una señal de alarma para detectar individuos con vigorexia si existe una excesiva y obsesiva práctica deportiva con el objetivo de aumentar la masa muscular. Baile (2005) también identificó que el consumo de substancias para el desarrollo muscular y un excesivo control de la dieta eran características propias de la vigorexia.

 

*Carles Ventura Vall-llovera: Doctor por la Universidad de Barcelona.  Licenciado en Educación Física (INEFC Barcelona -Universidad de Barcelona). Licenciado en Psicología (Universidad de Barcelona). Profesor titular de Psicología de la actividad física y del deporte en el INEFC Barcelona y actualmente jefe del Departamento de Salud y Ciencias Aplicadas. Es el investigador principal del proyecto “Análisis y prevención de los trastornos de conducta alimentaria (TCA) en deportistas de élite”.

**Clara Teixidor Batlle: Investigadora en formación del INEFC de Barcelona en el programa de Actividad Física, Educación física y Deporte. Actualmente realizando la tesis doctoral sobre el análisis y la prevención de los trastornos de la conducta alimentaria en deportistas de elite.

Carles Ventura y Clara Teixidor forman parte del Grupo GISEAFE (Grup d’Investigació Social i Educativa de l’Activitat Física i l’Esport), reconocido y financiado SGR 1162.

BIBLIOGRAFÍA

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. In Arlington. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425596.744053

Baile, J.I. (2005). Vigorexia, cómo reconocerla y evitarla. Madrid: Editorial Síntesis.

Cosh, S., Crabb, S., Kettler, L., LeCouteur, A., & Tully, P. J. (2015). The normalisation of body regulation and monitoring practices in elite sport: a discursive analysis of news delivery sequences during skinfold testing. Qualitative Research in Sport, Exercise and Health, 7(3), 338–360. https://doi.org/10.1080/2159676X.2014.949833

DiPasquale, L. D., & Petrie, T. A. (2013). Prevalence of disordered eating: A comparison of male and female collegiate athletes and nonathletes. Journal of Clinical Sport Psychology, 7(3), 186–197. https://doi.org/10.1123/jcsp.7.3.186

Drew M. K., Vlahovich N., Hughes D., et al. (2017). A multifactorial evaluation of illness risk factors in athletes preparing for the Summer Olympic Games. J Sci Med Sport, 20, 745–50

Fardouly, J., & Vartanian, L. R. (2016). Social Media and Body Image Concerns: Current Research and Future Directions. Current Opinion in Psychology, 9, 1–5. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2015.09.005

Galli, N., Petrie, T. A., Reel, J. J., Chatterton, J. M., & Baghurst, T. M. (2013). Assessing the Validity of the Weight Pressures in Sport Scale for Male Athletes. Psychology of Men & Masculinity, 15(2), 170–180. https://doi.org/10.1037/a0031762

Holm-Denoma, J. M., Scaringi, V., Gordon, K. H., Van Orden, K. A., & Joiner, T. E. (2009). Eating disorder symptoms among undergraduate varsity athletes, club athletes, independent exercisers, and nonexercisers. International Journal of Eating Disorders, 42(1), 47–53. https://doi.org/10.1002/eat.20560

Kong, P., & Harris, L. M. (2015). The Sporting Body: Body Image and Eating Disorder Symptomatology Among Female Athletes from Leanness Focused and Nonleanness Focused Sports. The Journal of Psychology: Interdisciplinary and Applied, 149(2), 141–160. https://doi.org/10.1080/00223980.2013.846291

Lunde, C., & Gattario, K. H. (2017). Performance or appearance? Young female sport participants’ body negotiations. Body Image, 21, 81–89. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2017.03.001

Mountjoy, M., Sundgot-Borgen, J. K., Burke, L. M., Ackerman, K. E., Blauwet, C., Constantini, N., … Sherman, R. T. (2018). IOC consensus statement on relative energy deficiency in sport (RED-S): 2018 update. Br J Sports Med, 52(10), 687–697. https://doi.org/10.1123/IJSNEM.2018-0136

Neumark-Sztainer D., Paxton S.J., Hannan P. J., Haines J., & Story, M. (2006). Does body satisfaction matter? Five-year longitudinal associations between body satisfaction and health behaviors in adolescent females and males. J Adolesc Health, 39(2):244–251. https://doi.org/10.1016/j. jadohealth.2005.12.001

Petrie, T. A., & Greenleaf, C. (2011). Body image and athlet- icism. In T. F. Cash & T. Pruzinsky (Eds.), Body image: A handbook of science, practice, and prevention (pp. 206–213). New York, NY: Guilford Press.

Petrie, T. A. & Greenleaf C. A. (2012). Eating disorders in sport. En S. Murphy (Ed.), Oxford handbook of sport and performance psychology. New York: Oxford University Press

Picard, C. L. (1999). The level of competition as a factor for the development of eating disorders in female collegiate athletes. Journal of Youth and Adolescence, 28(5), 583–594. https://doi.org/10.1023/A:1021606710398

Rauh M. J., Nichols J. F.,&  Barrack M. T. (2010). Relationships among injury and disordered eating, menstrual dysfunction, and low bone mineral density in high school athletes: a prospective study. J Athl Train, 45,243–52

Reel, J. J., Petrie, T. A., SooHoo, S., & Anderson, C. M. (2013). Weight pressures in sport: Examining the factor structure and incremental validity of the weight pressures in sport – Females. Eating Behaviors, 14(2), 137–144. https://doi.org/10.1016/j.eatbeh.2013.01.003

Stice, E. (2002). Risk and maintenance factors for eating pathology: a meta-analytic review. Psychological Bulletin, 128(5), 825–848. https://doi.org/10.1037/0033-2909.128.5.825

Sundgot-Borgen, J., & Torstveit, M. K. (2004). Prevalence of Eating Disorders in Elite Athletes Is Higher Than in the General Population. Clin J Sport Med, 14(1), 25–32. https://doi.org/10.1097/00042752-200401000-00005

Thompson, R. A., & Sherman, R. T. (2014). Reflections on athletes and eating disorders. Psychology of Sport and Exercise, 15(6), 729–734. https://doi.org/10.1016/j.psychsport.2014.06.005

 

 

 

Comments are closed.

  • Nutrición sana, ejercicio y dieta equilibrada. No hay más secreto que acompañarlo con la constancia y disciplina en el entrenamiento. Somos aquello que hacemos. Por eso, nuestro cuerpo responde a los estímulos que recibe. No concibo una vida plena sin el deporte, mi compañero de viaje vital que corre conmigo desde 1969. Disfruto explicando y divulgando aquello que aprendo cada día y me ayuda a ser mejor. ¿Te vienes?