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feb 2017

EL DÍA QUE DESPERTÉ A BOB BEAMON (y no fue para darle una buena noticia)

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Bob Beamon, en México-68 y Mike Powell, en Tokio-91

Una de las grandes hazañas de la historia del atletismo es la de Bob Beamon cuando saltó 8.90 metros en los Juegos Olímpicos de México-68. En aquel momento no cabía en cabeza alguna que un hombre pudiese volar tan lejos de un solo salto. Tuvieron que transcurrir 22 años y diez meses para que otro atleta lograra superar tal gesta.

Ocurrió en Tokio durante los campeonatos del mundo de 1991. El responsable de ‘enterrar’ el superrécord de Beamon fue Mike Powell y el día que lo consiguió yo estaba allí como enviada especial de El Mundo Deportivo para verlo y reportarlo.

Como en la capital mexicana, una tormenta amenazaba con llegar al estadio para fastidiar la prueba. A priori no se presagiaba que estuviera en peligro la plusmarca más longeva del atletismo. Mucho menos lo estaba esperando Bob Beamon, que mientras se disputaba el mejor concurso de longitud forever se encontraba a miles de kilómetros en su casa de Miami (Florida), durmiendo plácidamente hasta que una servidora le interrumpió el sueño para decirle que ya no era recordman del mundo.

Así empieza una nueva historieta de la Reportera Tribulete que en todas partes se mete.

Presencié el nuevo récord de Powell (8.95 metros) desde la tribuna de prensa del Estadio Nacional de la capital japonesa. El concurso se celebró en la recta contraria, pero no me perdí detalle.

Loles. Tribuna de prensa Estadio. Tokio 91

Aquí estoy, en la tribuna de prensa del Estadio Nacional de Tokio.  A mi lado, el periodista Josep Antón Aisa. (31/08/1991).

Al igual que en las jornadas anteriores al campeonato, Lee Evans –el primer hombre que rompió la barrera de los 44 segundos en la vuelta a la pista y que por aquel entonces ejercía de entrenador– estaba sentado en la zona de atletas, unas cuantas filas por delante de mi pupitre. Nos conocíamos porque de vez en cuando me acercaba a él para preguntarle por sus pupilos, pero mi verdadero interés –todo sea dicho– no eran tanto las actuaciones de sus atletas, sino el placer de poder charlar con uno de los grandes héroes de México-68 y del atletismo mundial.

Si eres un(a) joven nacido en este siglo, te pongo en antecedentes. Lee Evans se proclamó doble campeón olímpico en los Juegos Olímpicos de México: en los 400 metros (43,86) y en el relevo 4×400 (2:56.16), ambos con récords del mundo incluido, pero su protagonismo trascendió mucho más allá del tartán. Al igual que Beamon, Evans fue uno de los atletas estadounidenses que en aquella cita olímpica secundaron el Black Power, un movimiento contra la discriminación racial en Estados Unidos. Su rechazo contra el racismo quedó patente al subir a lo más alto de podio con una boina negra, símbolo de las Panteras Negras, y levantando el puño.

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Lee Evans, Larry James y Ronnie Freeman, en el podio de los 400 de México-68

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Bob Beamon, en el podio de México-68

Volvemos al Mundial de Tokio-91. Tras presenciar el nuevo récord del mundo de longitud de Mike Powell, de inmediato me puse a pensar en cómo escribir la crónica del inconmensurable acontecimiento deportivo que acababa de presenciar:

Con un salto de ¡8,95 metros! a nivel de mar, Mike Powell supera por 5 centímetros el superlegendario récord de Bob Beamon, establecido hace casi 23 años en la altitud de México.

Foto MIke Powell 8.95 m Daily Mail

El gran salto de Mike Powell (31/08/1991)

Excitada por la emoción, la cabeza me empezó a barruntar: “Aparte de Powell, el otro gran protagonista del día es Beamon, el hombre que ha perdido el record ¿Qué debe estar pensando en este momento? Conocer sus sentimientos tiene un enorme interés informativo. Pero ¿cómo puedo hablar con él? ¿Quién podría decirme dónde está o facilitarme su contacto?… Y chispa: ¡Evans! ¿Quién mejor que su amigo y compañero de batallas en México 68?

Dicho y hecho, a por Evans me lancé…

¿Tienes el teléfono de Bob Beamon?

  • No, yo no lo tengo, pero Ron seguro que sí.

Se refería a su amigo Ron Freeman, bronce en los 400 metros en la cita olímpica mexicana y quien junto con Vincent Matthews, Larry James y el propio Evans compusieron el cuarteto largo de los JJ.OO. del 68. Los cuatro habían secundado también la protesta contra el racismo en la ceremonia de entrega de medallas, subiendo juntos al podio ataviados con la boina negra y alzando después el puño.

Lee Evans, Ron Freeman, Larry James and Vince Matthews

Evans, Freeman, James y Matthwes, en el podio del 4×400 de México-68.

¿Y dónde está Freeman?, le pregunto yo ansiosa.

  • En Estados Unidos, me contesta. No me jodas, pensé, pero Evans tenía la solución: Tengo su teléfono en el hotel, llámame en un cuarto de hora y te lo doy, me dijo. ¡Bien!

Por aquel entonces aún no teníamos móviles, pero los periodistas desplazados al evento disponíamos de teléfonos fijos tanto en el pupitre del estadio como en el centro de prensa.

Por suerte, la diferencia horaria entre Tokio y Barcelona me beneficiaba y disponía de tiempo de sobra para  recoger  información y escribir y enviar sin prisas la crónica a la redacción de la calle Tallers.

Loles centre premsa. Tokio 91

Tras el gran salto, haciendo llamadas en el centro de prensa del Mundial. Lo que tengo delante no es un ordenador portátil porque no los había. Es un ‘modem’, un dispositivo con el que enviábamos las crónicas por línea telefónica (31/08/1991).

Nada más llegar al centro de prensa, empapada por la lluvia torrencial que había empezado a caer, llamé a Evans y tal como me había prometido me pasó el teléfono de Freeman.

Llamo a Freeman, pero comunicaba…!Mecachis! Me lo cogió a la segunda tentativa y como su amigo le había puesto en antecedentes, me pasó el número de Beamon sin dilaciones para después comentarme: “Estoy impresionado y creo que Bob (Beamon) también se impresionará”.

Nada más colgar, marqué los números con las manos temblorosas y con el corazón a mil por hora. Al segundo timbrazo, Beamon me contestó. Fue una conversación de un par de minutos, pero me bastó…

Tribulete, sí, pero lo cierto es que fui la primera periodista del mundo que habló con Bob Beamon el día que perdió su record.

Sin embargo, cometí un grave error por ingenua y panoli, unas características que aún me persiguen hoy en día. Estaba tan contenta de haber hablado con Beamon que lo proclamé a los cuatro vientos en el centro de prensa, repleto de periodistas. Los colegas norteamericanos, que no querían perderse una entrevista con el ‘desposeído’, no tardaron ni dos segundos en solicitarme el número que tanto me había costado conseguir. Accedí y se lo pasé a una redactora del New York Times.

¿Qué ocurrió? Lo previsible. Fue ella, y no yo, quien se llevó la gloria del ‘scoop‘. Frente al Times, El Mundo Deportivo poco tenía que hacer. Lo supe unos días después, al repasar cómo había tratado la noticia la prensa internacional. No le di mayor importancia.

Cuando terminé de escribir y enviar la crónica a Barcelona era ya de madrugada en Tokio. El tifón estaba dando sus últimos coletazos, aunque persistía el bochorno y seguía lloviendo con ganas. El día había sido muy intenso y sabía que la adrenalina no me dejaría conciliar el sueño. Así que cogí el metro y al llegar a mi destino en lugar de dirigirme al hotel a dormir, decidí relajarme y celebrar mi exclusiva con un paseo bajo los destellos multicolores del neón tokiota.

Aquí puedes ver mis crónicas, publicadas en El Mundo Deportivo:

PORTADA DE LOS 8.95 DE POWELL

CRÓNICA DEL GRAN SALTO 1

CRÓNICA DEL GRAN SALTO 2

EL DÍA QUE DESPERTÉ A BEAMON 1

EL DÍA QUE DESPERTÉ A BEAMON 2

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  • Nutrición sana, ejercicio y dieta equilibrada. No hay más secreto que acompañarlo con la constancia y disciplina en el entrenamiento. Somos aquello que hacemos. Por eso, nuestro cuerpo responde a los estímulos que recibe. No concibo una vida plena sin el deporte, mi compañero de viaje vital que corre conmigo desde 1969. Disfruto explicando y divulgando aquello que aprendo cada día y me ayuda a ser mejor. ¿Te vienes?